21 de junio de 2016

Ética y plagio


Como parte de los contenidos del curso Comprensión y Producción de textos del Postgrado IUPMA, se proponen tres lecturas de reconocidos profesionales académicos, con el fin de promover en los estudiantes la toma de conciencia y búsqueda de soluciones a este fenómeno, cuya incidencia parece ir en aumento. Hay coincidencia en cuanto a la necesidad de abordar el problema desde las bases; es decir, con los alumnos de escuela primaria.

Entre las propuestas se consideró enseñar a los niños a citar correctamente las fuentes consultadas, y que la evaluación haga énfasis, no tanto en la presentación de un escrito impreso, sino en las discusiones que puedan tener lugar en clase, como producto de la revisión bibliográfica.

Ética y plagio en  la comunicación científica
Sureda-Negre, Jaume (Universidad de las Islas Baleares, España)
Dr. Karl O. Jones (Liverpool John Moores University, Reino Unido)
Dr. Rubén Comas-Forgas (Universidad de las Islas Baleares, España)
Tanto la comunicación científica como la académica deberían regirse, entre otros, por los principios de honestidad, integridad, probidad y veracidad. Engañar, falsificar, defraudar, mentir, adulterar, ocultar, confundir, etc. son prácticas incompatibles con la transmisión de conocimiento científico y con la actividad académica. La realidad, sin embargo, es otra: son abundantes las evidencias que muestran que los usos deshonestos y fraudulentos están bien presentes en ambos procesos. 
El desarrollo, penetración y extensión de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) han provocado importantes transformaciones en la forma de transmisión y adquisición del conocimiento. … estos cambios, conjugados con otros factores, pueden favorecer e impulsar las prácticas deshonestas. En el ámbito educativo, numerosos expertos apuntan a que se ha producido un aumento en la prevalencia de conductas deshonestas por parte del alumnado y la comisión de plagio académico, en los procesos de enseñanza-aprendizaje. 
Prácticas más comunes de plagio llevadas a cabo por estudiantes de bachillerato (Sureda y otros, 2010).
Acción 1: Entregar un trabajo realizado por otro estudiante que ya había sido entregado en cursos anteriores (para la misma asignatura o para otra).
Acción 2: Copiar de páginas web fragmentos de textos (sin citar), pegarlos directamente en un documento (en el cual hay una parte de texto escrita por el alumno) y entregarlo como trabajo de una asignatura.
Acción 3: Descargar un trabajo completo de Internet y entregarlo, sin modificar, como trabajo propio de una asignatura.
Acción 4: Copiar fragmentos de fuentes impresas (libros, enciclopedias, periódicos, artículos de revista, etc.) y añadirlos –sin citar– como partes de un trabajo propio de una asignatura.
Acción 5: Hacer íntegramente un trabajo a partir de fragmentos copiados literalmente de páginas web (sin que ninguna parte del trabajo haya sido escrita por el alumno).
Acción 6: Copiar partes de trabajos entregados durante cursos anteriores y usarlos como apartados de un trabajo nuevo.
Este fenómeno, ampliamente extendido entre los estudiantes de bachillerato (estudios secundarios), presenta niveles prácticamente idénticos en los universitarios.




UPEL- IPC
El Diccionario de la Real Academia Española (2006) define el plagio, en una de sus acepciones, como la acción de plagiar, y plagiar como: copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias.
El plagio debe ser visto como un crimen capital de la comunidad académica, ya que frena el desarrollo y la transmisión del conocimiento, que constituye una de las razones de ser de la academia.
¿Qué se entiende por plagio académico?
Huerta (2006) define el plagio académico como la acción de hacer pasar como propios, ideas o textos que pensaron otros y que nos fueron transmitidos por ellos, bien por escrito, oralmente o con algún otro mecanismo de comunicación.
Plantea el autor que el plagio se consuma en dos circunstancias:
1. Cuando se usan ideas textuales de otro sin respetar las comillas indicativas de literalidad.
2.   Cuando no se presentan al lector los indicios necesarios para identificar de qué autor, libro o documento o circunstancia fue tomada la idea ajena.
A este grupo de circunstancias sumo otras que, a mi modo de ver, también dan cuenta de  ilicitud de una actividad:
1. Comprar los servicios profesionales de otros para la elaboración de un escrito (artículo, ensayo, ejercicio, trabajo especial de grado, tesis) que luego aparecerá ante la comunidad académica como de elaboración intelectual propia.
2.  Cobrar al futuro autor por guiarlo en el proceso de construcción de un escrito (trabajo especial de grado, tesis); ello cuando quien cobra es un docente universitario y quien paga es un homólogo de su misma universidad. En esencia, la labor de tutoría está dentro de las funciones que un profesor universitario debe proporcionar a la académica como contraprestación de servicios y por compromiso con la propia academia de donde procede y quien le formó.
La Revista de Información Tecnológica (2008), informa de otra forma de actividad igualmente antiética: el auto plagio. Ello ocurre cuando los autores hacen duplicidad de sus publicaciones, lo cual se hace con fines de acrecentar el expediente de vida del investigador y mostrarse ante la comunidad con una fecunda actividad intelectual.
El plagio no es una situación nueva en las universidades, se tienen reportes de ello desde la década de los sesenta del siglo pasado.
Etapas en la evolución de la actividad de plagio académico
Coumes y Sureda (2008) reportan tres etapas en la evolución de las prácticas de comprar, vender e intercambiar trabajos académicos: una artesanal anterior al auge de Internet; una segunda favorecida por la aparición de la World Wide Web (WWW) y un tercer momento denominado “a la carta”, en el que, a través de Internet, se compran y venden trabajos académicos, elaborados a las necesidades del usuario. A esta etapa se deben agregar también aquellos que se ofertan fuera de la red a través de “empresas” constituidas para atender este tipo de demandas.
En la época actual el uso de Internet, el acceso a contenidos digitales y a los albergados en la red, han provocado un auge en las prácticas de plagio entre el alumnado universitario y personal del entorno académico.
Clasificación del plagio académico
Se reporta una clasificación tal vez simplista, pero esperanzadora, acerca del plagio: plagio intencional y no intencional (Coumes y Sureda, 2007).
En el caso de plagios no intencionales o accidentales, el autor hace uso de parafraseados de manera inadecuada o realiza de manera incorrecta la citación de los recursos y bibliografía utilizados. En tales circunstancias la situación puede superarse con tan sólo hacer los señalamientos a los autores acerca de cómo hacer de manera correcta los reportes de las referencias en el texto.
Los plagios intencionales se presentan cuando: se compra o descarga un trabajo, y  se presenta la obra como propia; igualmente se incurre en plagio intencional cuando se copia un texto completo o partes de distintos textos dentro de un escrito y no se señala la fuente original o se presentan como propias dichas palabras o reflexiones; asimismo cuando se hacen traducciones de trabajos completos o partes del mismo sin indicarlo.
La situación en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador
En la UPEL se han recogido quejas de autores que dicen haber sido plagiados; se han escuchado denuncias a través de correos electrónicos anónimos; se tienen noticias de la práctica de dicha actividad por parte de estudiantes de postgrado quienes para la elaboración de sus trabajos de grado, utilizan la modalidad “a la carta”. Sin embargo, no se han hecho denuncias formales ante las instancias académicas, administrativas y judiciales para enfrentar ésta actividad ilícita y deshonesta que atenta contra la producción intelectual.  
¿Qué se puede hacer para enfrentar la situación?
La práctica del plagio académico tiene que ser combatida desde todas las instancias implicadas de manera directa e indirecta; sin embargo la mejor forma de hacerlo es fortaleciendo los valores en cada uno de los actores sociales protagonistas del entorno universitario: estudiantes, profesores quienes actúan como autores, jurados y árbitros en el transcurso de su actividad académica.
Algunas de las acciones que se pudieran realizar son:
1.  Conocer los valores y principios éticos que rigen a la universidad, incorporarlos al conjunto de valores personales y actuar en sintonía con ellos.
2.  Promover la reflexión acerca de los valores personales y de la ética respecto a los productos intelectuales que se generan en el quehacer universitario.
3.  Establecer diálogos permanentes a fin de distinguir entre lo que es una producción académica propia y otra ajena; revisar las consecuencias, trascendencias e implicaciones del plagio tanto para vida como estudiante y como profesional.
4. Promover talleres acerca de cómo escribir y cómo citar referencias en trabajos académicos.
En adhesión  a lo anterior, Coumes y Sureda (2007) plantean que, en lo que respecta a la prevención del plagio, pueden realizarse varias acciones:
1.    Una regulación punitiva: aplicar las normativas vigentes tanto en los reglamentos de estudio como en los comités de arbitraje de revistas.
2.     Anulación del trabajo presentado.
3.     Reescritura del mismo, demostración por parte del autor que en efecto lo escribió.
4.   Retardo en el grado académico o, como último recurso, la supresión de una titulación o la expulsión de la institución universitaria.
Texto completo de Mirentxu

La ética como orientadora de la holopraxis (extracto)
Namakforoosh (1995) define la ética como la ciencia normativa de la actividad humana en orden al bien. Así, la suma de principios, de necesidades, de inquietudes, de exigencias y de posibilidades, puede ser un buen recurso para que, cada investigador, precise un código de ética propio que inste a efectuar un manejo responsable, seguro y confidencial de la información.
Los aspectos éticos de una investigación se reflejan en su morfología, en los procesos, en el desarrollo, en la selección y aplicación de las técnicas, pero particularmente, en la personalidad de los involucrados. La vivencia ética de la investigación se percibe en lo visible, pues “a cada ética le corresponde una estética” (Freire, 1992).
Código de ética del investigador
1.  Toda investigación ha de obedecer a fines y propósitos relacionados con la búsqueda del saber, la atención a necesidades concretas, la propuesta de soluciones y el trabajo creativo. Debe trascender el cumplimiento formal o la exigencia institucional o académica. La ética del investigador implica que éste se sienta comprometido con su trabajo. Un proceder contrario, por lo general, se refleja en un trabajo confuso.
2.    Toda investigación ha de hacerse respetando los criterios formales y las exigencias que corresponden al tipo de investigación que se realice. Es decir, criterios metodológicos que garanticen la originalidad, validez y confianza en los datos obtenidos. Debe formar un todo coherente, armónico y organizado.
3.   En toda investigación debe primar el respeto a la condición humana y social de las personas, colectivos y pueblos. Se deben considerar posibles riesgos, prever las consecuencias, evitar poner en peligro a las personas que participen y asumir las correspondientes responsabilidades.
4.  En toda investigación ha de hacerse un manejo correcto del material técnico y bibliográfico utilizado. En consecuencia, citas, notas, paráfrasis, trascripciones, entre otras, han de procesarse con referencia directa al autor y su obra, según la normativa internacional vigente.
5.    Es responsabilidad del investigador utilizar y aplicar de manera correcta las técnicas e instrumentos. Los instrumentos estandarizados en otros contextos deben adaptarse al contexto en el cual se aplican a fin de no asumir conclusiones falsas en cuanto a los resultados.
6.    En toda investigación ha de reconocerse el trabajo de su autor o autores, así como el aporte de personas o instituciones que hayan contribuido en alguna de sus fases (auxiliares, encuestadores, colaboradores). Igualmente, todo profesor, tutor o autoridad académica que se apoye en el trabajo de sus estudiantes o tutelados, debe reconocer la participación o co-autoría de quienes hayan participado en la investigación.
7.  En toda investigación deben validarse las fuentes informativas, tanto vivas como documentales, hemerográficas, bibliográficas y data en general.
8.     El investigador debe estar consciente de sus aspiraciones y propósitos, así como de las limitaciones propias y de la investigación que realice.
9.   Es deber del investigador orientar y asesorar a otros investigadores sobre tareas y propósitos relacionados con el estudio. Debe hacerse tomando en cuenta los intereses e inquietudes del asesorado, permitir otras consultas o remitir a otras autoridades o expertos.

10.   En toda investigación debe estar contenido el propósito de contribuir con el fortalecimiento del saber científico. Una investigación concluida abre nuevas opciones. Toda conclusión, a su vez, es punto de partida para interpretaciones novedosas.
Fuente: Hurtado, J. (2012). Metodología de la investigación: guía para una comprensión holística de la ciencia (4a. ed.). Cap 12, p. 393-396. Bogotá-Caracas: Ciea-Sypal y Quirón.

Compromiso, responsabilidad y honestidad

A modo de cierre, se puede agregar que, al asumir las limitaciones propias, es loable que el investigador responsable considere algunas decisiones, de acuerdo a lo que debe ser la ética académica.

Una reflexión sincera, quizás lleve a reconocer qué intereses son primordiales en el momento de iniciar los estudios, y determinar si se contará con la energía y disposición necesarias para desarrollar un proyecto de cuarto nivel. También puede llegarse a la conclusión de que se carece de conocimientos, habilidades o destrezas mínimas, en una o varias áreas.

En estos casos, lo más conveniente puede ser posponer los estudios hasta lograr las condiciones de tiempo y de actitud requeridas, o comprometerse a obtener la formación previa necesaria, antes de retomar la idea de realizar un postgrado.

Finalmente, decisiones como estas redundarán, con seguridad, en beneficios para la institución, la cual contará con trabajos de genuina calidad, y en éxitos futuros para el estudiante-investigador, como generador de nuevo conocimiento.
Mario Contreras


José Supo: Acusaciones de Plagio: Copiar y Pegar sin Citar

En este video el Dr. Supo destaca aspectos claves sobre este tema, lo cual complementa los resúmenes aquí presentados. 


Bibliografía
Sureda-Negre, J., Comas-Forgas, R., Oliver-Trobat, MF. (2010). Plagio académico entre alumnado de secundaria y bachillerato: Diferencias en cuanto al género y la procrastinación. Revista Comunicar 44: Mooc en la educación (Vol. 22 - 2015)

Comas-Forgas, R. Ethics and plagiarism in scientific CommunicationRevista Comunicar / Call for paper 48, III 2016 (Fechas de publicación: versión preprint: 15-05-2016 Versión impresa: 01-07-2016). Disponible: http://www.revistacomunicar.com/pdf/call/call-48-es.pdf

SPINAK, E. Ética editorial – Cómo detectar el plagio por medios automatizados [online]. SciELO en Perspectiva, 2014

Tema relacionado
Biblioteca de la Universidad de Lima: Citar vs plagiar

Imagen sobre ética y plagio tomada de: Scielo en Perspectiva Ética editorial – Cómo detectar el plagio por medios automatizados
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